Egidio, el granjero de Ham

Entre molesto y adormilado Egidio, un apacible granjero, enfiló un buen día hacia las colinas, dispuesto a confirmar la noticia de la presencia de un gigante en sus tierras. Un buen susto, un disparo fortuito y la huida del gigante al creer que le habían picado los tábanos, pondrían fin a la invasión al tiempo que daba comienzo una disparatada historia: Egidio el granjero de Ham, se había convertido en un héroe.

Contraportada del libro Egidio el granjero de Ham, de J.R.R. Tolkien publicado por Círculo de Lectores

Portada de Egidio el granjero de Ham

Así reza la contraportada de este relato de Tolkien, que está en mis manos desde hace mucho tiempo y que he releído recientemente. Lo cierto es que guardaba un grato recuerdo, pero ha sido con esta segunda lectura (más madura, supongo) que he disfrutado realmente con él. No deja de ser paradójico que un relato orientado claramente a niños sea tan disfrutable por gente adulta. Y quizás de eso se trate la obra de J.R.R. Tolkien, tanto el hobbit (sobre todo en sus primeras páginas) como el Señor de los anillos (bastante menos) son obras orientadas hacia un público menor y que sin embargo han cosechado el (merecido) éxito con el sector mayoritario de lectores. El arte de contar historias que resulten atractivas para un abanico tan grande de personas es un don del que no estaba en absoluto exento el lingüista nacido en Sudáfrica en Enero de 1892.

El texto (en la versión que tengo yo, y que al parecer es cortesía de Ediciones Minotauro para Circulo de Lectores) cuenta con apenas 92 páginas, que están plagadas de dibujos muy acertados, y que se hace muy rápido de leer. Éste está repleto de buen humor:

“Egidio el granjero tenía un perro. El nombre del perro era Garm. Los perros tenían que conformarse con nombres cortos en lengua vernácula; el latín culto quedaba reservado para sus dueños. Garm no sabía hablar ni siquiera el latín macarrónico; pero como la mayoría de los perros de su tiempo, podía usar la lengua popular tanto para amenazar como para fanfarronear o adular. Las amenazas quedaban reservadas para los mendigos y los intrusos, la fanfarronería para otros perros, y la adulación para su dueño. Garm sentía al mismo tiempo orgullo y temor ante egidio, que sabía amenazar y fanfarronear mejor que él.”

El relato nos cuenta las aventuas y desventuras de Egidio, un granjero sólo preocupado en sus cosechas y animales, y en forzar todo cuanto sea posible la tranquilidad de su vida. Sin embargo una noche en la que Garm se escapa de casa para pasear por sus tierras hace un descubrimiento estremecedor: Un gigante camina por las tierras de su amo destrozando los pastos y comiendose el ganado, mientras se dirige hacia casa del granjero. Garm corre a avisar a su dueño, que después de vacilar un rato decide hacerse al campo armado con su trabuco (tras cargarlo con pólvora con clavos viejos y trozos de alambre, pedazos de un puchero roto, huesos, piedras y otros desechos). Al tener la luna de cara no era capaz de ver más que las sombras de los matorrales y árboles, sin embargo un terrorífico estruendo antecede la aparición del gigante ante sus propias narices. Con el susto tropieza y cae al suelo, disparándose sin querer el trabuco. El gigante, que estaba medio sordo no escuchó el estruendo, pero si sintió en su rostro y nariz cómo se impactaban todos aquellos trozos de metal. Y pensando que se trataba de tábanos hechó a correr de regreso a su hogar, del que había salido para pasear.

Todo el mundo cree que Egidio es un héroe, y este suceso hará que Egidio se convierta en el hombre más popular de su pequeño pueblo. Incluso sus hazañas llegan a oídos del mismísimo rey, quién en recompensa le regala una espada (y aquí aparece el primer guiño al Señor de los Anillos).

El problema aparece cuando el gigante regresa a su casa y comienza a hablar de los buenos y sabrosos pastos que había en el centro del reino (reino unido aún). Estas historias llegan a oídos de un viejo dragón de linaje antiguo e imperial, y muy rico, llamado Crisófilax. Éste decide adentrarse en el reino medio y es ahí dónde las cosas se complican para Egidio. A partir de aquí se suceden las aventuras (obligadas por el rey y sus propios vecinos) al tener que hacer frente al dragón.

Esta historia presenta suficientes guiños como para creer que se trata de una sátira de El Señor de los Anillos; quizá Tolkien se desahogó así del esfuerzo psicológico y creativo que debieron suponer para él las hazañas de Frodo Bolsón, y que le sumergieron en el sótano por más de 12 años. Un buena muestra de ello es este del texto:

“Los carácteres son arcaicos y la lengua bárbara”, dijo el párroco para ganar tiempo, “será necesario un estudio más detenido”.

El objeto al que se refiere se altera ante la presencia de los dragones, del mismo modo que Frodo se veía avisado por un brillo azulado en su espada. También se nos muestra aquí un protagonista que sin proponerselo (ni mucho menos quererlo) se ve obligado a hecharse a la aventura, consiguiendo en contra de todo pronóstico un éxito inusitado y fama.

Egidio el granjero de Ham es un relato indispensable para los seguidores de Tolkien, y muy recomendable para aquellos que disfruten con los cuentos de héroes y aventuras. Además derrocha humor y saber hacer en cada página, suficiente para dejar satisfecho a cualquier lector, desde el más pequeño al adulto.

Publicado el septiembre 21, 2008 en Blogroll, Literatura. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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