Los amigos

Nunca sabes cuánto puedes llegar a confiar en una persona. Quizás por eso la amistad sincera dé tanto miedo y a la vez nos libere. ¿Cómo cohibirse con alguien cuando no sabes dónde está el límite?

Lo malo es que nunca sabes quién es un buen amigo y quién no. He visto gente abrazarse a personas y hablarles con el cariño sincero de quién lleva mucho tiempo sin ver a alguien muy preciado, justo cuando minutos atrás lo estaba criticando. Cuando el momento de falsa euforia cesó y los caminos de las eternamente compañeras se separaron, pregunté cómo se podía abrazar a alguien de aquel modo y hablarle en aquellos términos cuando apenas unas horas, un aliento en la vida, se le había tratado como ni a un perro debería hacerse. La respuesta fue un engañabobos, y aunque en mí sólo produjo un gesto de indiferencia, quizás para ella fue una especie de analgésico “autoconvincente”. Eran amigas y debía saludarla.

Quizás al principio de este escrito debería haber mencionado la amistad sincera; porque si lo que vi aquella noche de hace unos tres años es amistad, entonces preferiría estar sólo en el mundo.

Pero lo malo de todo esto es que no fue un caso aislado, un hecho que podríamos decir que estaba alentado por el alcohol. En cualquier lado lo veo. Seguramente a mí me ocurra también, quizás por eso cada vez confío en menos gente. Quizás por ellos apenas conozca la amistad sincera.

Publicado el enero 5, 2008 en General, Opinion. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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