Despierta, tiemblo al mirarte – Rimas (Gustavo Adolfo Bécquer)

 Gustavo Adolfo Bécquer se trasladó desde Sevilla, donde nación en 1836, a Madrid para dedicarse a la literatura. Padeció tuberculosis y vivió en la penuria económica hasta que le nombraron censor de novelas y director de La Islustración de Madrid. Entre sus obras en prosa destacan Cartas desde mi celda y cartas literarias a una mujer, escritas en el Monasterio de Veruela. Murió, en Madrid, en 1870 y su verdadero nombre era Gustavo Adolfo Domínguez Batida. (Extraído del libro Rimas y Leyendas, publicado por El Pais en su colección Clásicos Españoles.

BecquerLas rimas tal y como finalmente se han dado a conocer no son exactamente como Bécquer las había ideado originalmente. Pero cuándo la única copia de sus versos se consumió en un incendio, tuvo que re escribirlas nuevamente. Todas de memoria. Por eso, según el propio autor, hayan perdido seguramente parte de su esplendor. Sin embargo aún a día de hoy siguen cautivando con su sinceridad y universalidad.

Decir tambien que la numeración de sus rimas varía dependiendo de quién las edite. En la versión citada se hacen cuatro grupos: La poesía misma (Rimas I a XI); el amor gozoso (Rimas XII a XXIX); el desengaño y el dolor (Rimas XXX a LI) y la angustia y la muerte (Rimas LII a LXXVI).

XXVII

Despierta, tiemblo al mirarte;
dormida, me atrevo a verte;
por eso, alma de mi alva,
yo velo mientras tú duermes.

Despierta, ríes y al reír tus labios
inquietos me parecen
relámpagos de grana que serpean
sobre un cielo de nieve.

Dormida, los extremos de tu boca
pliega sonrisa leve,
süave como el rastro luminoso
que deja un sol que muere.
¡Duerme!

Despierta, miras y, al mirar, tus ojos
húmedos resplandecen,
como la onda azúl en cuya cresta
chispeando el sol hiere.

Al través de tus párpados, dormida,
tranquilo fulgor vierten,
cual derrama de luz templado rayo,
lámpara transparente.
¡Duerme!

Despierta, hablas y, al hablar, vibrantes
tus palabras parecen
lluvia de perlas que en dorada copa
se derrama a torrentes.

Dormida, en el murmullo de tu aliento
acompasado y tenue,
escucho yo un poema que mi alma
enamorada entiende.
¡Duerme!

Sobre el corazón la mano
me he puesto porque no suene
su latido y de la noche
turbe la calma solemne.

De tu balcón las persianas
cerré ya porque no entre
el resplandor enojoso
de la aurora y te despierte.
¡Duerme!

Publicado el marzo 15, 2007 en General, Poesía. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. simplemente hermosa

  2. sin duda Becquer fue el mejor de los mejores de su tiempo

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